Puede ser legal, pero no es lícito

En el New York Times de hoy[1] viene un artículo sobre el enriquecimiento de algunos médicos en los EEUU a costa de recetar medicamentos de dudosa eficacia, contra la anemia; y más, hasta perjudiciales. No les importa, a esos médicos, causar problemas en la vida de sus pacientes; incluso procurarles la muerte. Lo cierto es que sus cuentas bancarias engordan con las comisiones de los laboratorios farmacéuticos que elaboran esos medicamentos.
Lo traigo aquí como aplicación práctica de lo que significa que algo legal (no es ilegal que los médicos cobren comisiones de los laboratorios farmacéuticos en los EEUU) puede atentar directamente contra el ser humano como persona. Algo permitido por las leyes de un país puede ir contra el primero de los derechos del ser humano: el derecho a la vida.
Esos malos profesionales de la medicina, para quienes lo primero que figura en su lista de valores es el número de su cuenta corriente, hacen un flaco servicio a la sociedad. Una sociedad que no pueda confiar en sus médicos ¿en quién podría confiar? Los mismos profesionales de la medicina que hacen de su trabajo un servicio a los demás deberían denunciar tales hechos y promover un cambio en las leyes que lo permiten. Consentir a un compañero el enriquecimiento a costa de la vida de un ser humano es atentar contra la sociedad misma. No se puede volver la cara a otro lado y no mirar.
Quizás visto a 11.000 kilómetros de distancia consigamos ver la diferencia entre legal y lícito moralmente.
El sobrino de Atilano Nicolás
