Infanticidios en Ucrania
Hace poco la BBC ha emitido una escandalosa historia que mostraba un inquietante vídeo de “pequeños cuerpos desmembrados”.”Niños sanos recién nacidos en Ucrania, la capital mundial de las células madre”, han sido asesinados “para alimentar un floreciente comercio internacional de células madre”.
Aparentemente no es un problema aislado. El consejo de Europa se ha referido también a ese “tráfico de niños secuestrados nada más nacer”, y al “muro de silencio por parte de la dirección del hospital sobre su destino”. Es fácil suponer el horror de las jóvenes madres que “alumbran niños sanos y ven cómo se los quitan los empleados de la maternidad”. Lo que ocurre con estos recién nacidos nadie lo ha averiguado, pero las recientes imágenes obtenidas por la BBC pueden proporcionar alguna luz: “l vídeo muestra órganos, incluyendo cerebros, que han sido extraídos, y algunos cuerpos desmembrados”.
El informe de la BBC conmocionó a los espectadores. Pero para los iniciados en noticias biotecnológicas y literatura bioética, estas noticias de Ucrania son sólo una sorpresa parcial. Aunque nadie esperaba estos secuestros de niños en las salas de maternidad, parecía inevitable que el negocio de la investigación en células madre conduciría en algún momento a una abominación de este tipo.
Los defensores de programas para utilizar a embriones, fetos y hasta niños han argumentado siempre que sólo afectan a los menos humanos de los individuos, los llamados embriones sobrantes, fetos de embarazos no deseados y bebés gravemente discapacitados. El movimiento proabortista fue el primero en proclamar que los fetos no son humanos. Y cuando la embriología y la biología del desarrollo demostraron que un niño no nacido es un completo aunque inmaduro ser humano, la retórica se desplazó a las discusiones sobre conflictividad de intereses entre la madre y el hijo no nacido, junto con apelaciones al derecho a la intimidad. Se concedió que el aborto, aunque entrañe la muerte del niño, es el resultado de ese conflicto de intereses entre la madre y la vida del niño. Los intelectuales hablaron entonces de cesación del embarazo: una mujer no decide matar al niño, sino sencillamente terminar un embarazo, extirpar el niño indeseado de su cuerpo.
El siguiente paso fue que el derecho al aborto consistía en el derecho al aborto efectivo: lo que entraña la muerte de un niño.
La investigación con células madre no se basa en el derecho de la madre a elegir, porque los embriones no nacidos y congelados no suponen una amenaza para nadie. Los científicos acuden al argumento del utilitarismo: ya que están, aprovechémoslos. Incluso en este terreno, los investigadores admiten que los embriones humanos merecen cierto respeto y se hacen eco del deseo de que las nuevas tecnologías hagan innecesaria estas eliminaciones.
Nadie tiene derecho a esconder la cabeza, a mirar para otro lado. La realidad de Ucrania, es la realidad de toda Europa, de nuestro mundo del siglo XXI. Y todos tenemos que tomar una postura personal tras reflexionar sobre las consecuencias de una ciencia que no respete la dignidad del ser humano.
El sobrino de Atilano Nicolás
Ryan T. Anderson, director adjunto del Programa de bioética del Instituto Witherspoon de Princeton. Nueva Jersey., La progresiva escalada hacia las “granjas fetales”, Diario médico, 4 de enero, 2007, pág
