"Cristianos y musulmanes estamos de acuerdo en que el encuentro con Dios en la oración es el alimento necesario de nuestras almas, sin el cual nuestros corazones se marchitan y nuestra voluntad deja de esforzarse por el bien y sucumbe en el mal." Juan Pablo II, Mezquita de Damasco, 2001
De todo este diálogo entre musulmanes y católicos a propósito de la mezquita de Córdoba, lo que más me inquieta es la postura en la que los musulmanes han pretendido (¿lo habrán conseguido?) colocar a los obispos españoles. Parece que es la Iglesia Católica la que cierra sus puertas a los musulmanes. Parece, pero no lo es. Si levantamos la mirada hacia todo el Mediterráneo y tomamos como perspectiva la historia, hasta el Califato de Córdoba, también tendremos que valorar las actuaciones del mundo musulmán en desde entonces hasta nuestro días. Lo digo a propósito de la Catedral de la Sabiduría Divina, levantada por el emperador Justiniano, hoy Gran Mezquita de Sofía, por las iglesia cristianas cuya propiedad y uso se atribuyó por la fuerza Turquía durante la invasión de la isla de Chipre a mediados del siglo XX, por todas las iglesias cristianas del norte de África (Argelia, Marruecos)...

¿Qué dirían los musulmanes (99% del pueblo turco) si los católicos solicitasen celebrar culto en las numerosísimas iglesias y monasterios repartidos por toda la geografía de Anatolia? Lugares que en otro tiempo fueron centros de oración y que hoy son fuente de ingresos por turismo.
Colocando en la balanza unos y otros, los musulmanes tienen mucho más que devolver o que compartir. Tal vez les convendría reflexionar un poco antes de lanzar la primera piedra.
El sobrino de Atilano Nicolás