Sr. Presidente de mi Comunidad Autónoma, le vuelvo a escribir:
Me dicen que no se entiende muy bien mi anterior carta; que parece que defiendo el aborto. Que no, señor Presidente. Que se me rompe todo dentro, en mi interior, pensando en lo que somos capaces los seres humanos cuando actuamos lejos de nuestra condición de hombres y preferimos hacernos ricos antes que considerar los medios que utilizamos para hacernos con el dinero.
No puedo estar a favor mientras veo que todo un aparato estatal, con cortes y estamento de justicia para hacer cumplir la ley, resulta totalmente inútil y no defiende lo más elemental que es la vida de los seres más indefensos y permite que los "espabilados" hagan el agosto y además ni tan siquiera paguen el impuesto de sus actividades "profesionales".
Detrás de mi pretendida ironía se esconde la amargura de ver a los hombres y mujeres más "calzonazos" de toda España que no son capaces de defender en la política sus convicciones, porque señor Presidente, estoy segura de que muchos políticos piensan como yo, pero les da vergüenza enfrentarse a los ricos que comercian con el dolor de mujeres cuando no aciertan a defender lo que de verdad merece la pena: el fruto de sus vientres.
No puedo desear a esos espabilados mal alguno. Les deseo que algún día alcancen a ver que hay muchos Auschwitz. También en España. Quizás dentro de unos años, tengamos que ir en peregrinación a esas clínicas a llevar flores y a recordar a tantos inocentes que fueron allí masacrados para obtener el dinero de sus madres. Y la tragedia para ellas será haber podido disponer de esos 4000 euros.
No sé que extraña coincidencia en mi cabeza: 30 monedas de plata fue el precio de una vida. Hoy parece que se cotiza a 4000 euros. Pero sin duda terminarán tirados por el suelo porque llevan la mancha de la sangre de un inocente.
El sobrino de Atilano Nicolás
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