A qué vamos a la escuela II
¿Educación para la ciudadanía?
Hace medio año, más o menos, recogí de La Voz de Galicia Digital una información sobre los intereses de los jóvenes que reseño aquí, junto con la fuente. Acaso el lector desee ampliar su lectura:
“Según el sondeo, tres de cada cuatro jóvenes (78%) se declaran a favor de los matrimonios entre personas del mismo sexo y un 16% está en contra.
En opinión del INJUVE, parece consolidarse la actitud tolerante de la juventud española con respecto a la homosexualidad: el 82% declara que aceptaría la homosexualidad de un amigo sin que cambiase su relación; uno de cada ocho (12%) dice que probablemente cambiaría su relación; y sólo un 3% rompería con ese amigo.
Respecto al aborto, el 68% de los jóvenes cree que debe decidir únicamente la mujer interesada y un 18% considera que la sociedad debe poner ciertos límites, mientras que un 17% se muestra totalmente en contra.
En la encuesta se preguntó también por otras cuestiones polémicas, como la eutanasia, y se comprueba que tres de cada cuatro jóvenes son favorables a ayudar a morir a un enfermo incurable que lo solicite, frente a un 15% que se muestra contrario.
También son mayoría (64%) quienes apoyan la selección genética de embriones con fines terapéuticos, técnica rechazada por un 19% de los jóvenes.”
El Instituto de la Juventud nos ofrece estos resultados. Con una juventud tan “uniformada” en cuanto a criterios, con unos criterios tan “claros” y decididos ¿qué sentido tiene reducir las horas dedicadas a contenidos de peso en el currículo escolar para enseñar lo que ya tienen claro? ¿No son estos los valores que la llamada Educación para la ciudadanía quiere alentar?
Pues si es esto lo que tenemos y con lo que hemos llegado a la situación actual de la educación en la que están los centros educativos, ¿no será el momento adecuado de plantearse otra opción de valores diferentes?
El sobrino de Atilano Nicolás
