El Papa viaja a Turquía
Benedicto XVI viaja a Turquía del 28 de noviembre al 1 de diciembre de 2006.
En la entrevista concedida a La Gaceta de los Negocios, Roma 11-X-2005, el Prelado del Opus Dei, Monseñor Javier Echevarría, valoraba el grado de compromiso de los católicos en España de la siguiente manera:
- “Bueno, por lo que se refiere a la fe, el futuro está abierto. Por una parte, los católicos confiamos sobre todo en la gracia y en la misericordia de Dios, no en nuestra capacidad humana de persuasión. Por otra, como la fe se transmite mediante el apostolado, el futuro se encuentra en nuestras manos: si los católicos nos animamos unos a otros a ser coherentes, alegres, serviciales, humildes, íntegros, trabajadores; si participamos en la vida pública del país, ejercitando nuestros derechos y nuestros deberes ciudadanos, entonces el panorama de la iglesia en España se presenta prometedor.
- Pero no me negará que el ambiente no es cristiano.
- El ambiente externo ciertamente influye, pero el futuro de la fe depende sobre todo de la fidelidad de los cristianos.
- Le veo muy optimista.
- Es que, por encima de todos los avatares históricos, la promesa del Señor proporciona un fundamento seguro a nuestra esperanza: “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. A mí esas palabras me llenan de un profundo optimismo, porque la verdad triunfa siempre, aunque se deban superar sufrimientos y contradicciones.”
Dejaba claro, el Prelado del Opus Dei, que el secreto no está en el número de cristianos comprometidos, ni en el grado del compromiso de ellos. Sino en el poder de la palabra de Jesús.
Hasta aquí la introducción. El Papa viaja a Turquía. Cierto que en Turquía, la población católica alcanza un uno por ciento. Cierto que hace poco un sacerdote cristiano fue asesinado. Cierto que el turco Alí Agca intentó asesinar a Juan Pablo II… Pero también es cierto que es el único país de religión musulmana que hace esfuerzos por acercarse al pensamiento occidental, que tiene un parlamento y que dice aceptar la pluralidad de credos en su territorio.
Turquía fue una tierra de cristianos hasta la aparición de Mahoma y su libro Alcoran. Allí predicaron los primeros apóstoles en su camino a Atenas, cuna del pensamiento y de la filosofía. Aún hoy día perviven numerosos monasterios e iglesias cuyos frescos resumen el antiguo y nuevo testamento. Si Benedicto XVI ha decidido ir a Turquía, sin duda es porque sabe que Dios pondrá el incremento.
A los católicos comprometidos, el abandono de la fe por parte de nuestros familiares o amigos, nos aflige. Pero no les asesinamos. Respetamos su opción personal y rezamos por ellos para que vuelvan a sentir el requerimiento amoroso de Dios. Entre los musulmanes las cosas con diferentes. Una deserción significa un rechazo social y tal vez, peligro de muerte. Así que la conversión al catolicismo en un país de mayoría musulmana es, sin duda, una tarea mucho más difícil. Pero nada hay imposible. Tal vez los turcos entiendan la libertad de los hijos de Dios en la Iglesia Católica. Tal vez sus ojos, lejos todavía de los artificios y lujos de la vieja Europa, sean capaces de ver y oír la sencillez del evangelio. Quizás ellos entiendan que cuando el Papa se dirige a sus hijos es para orientar y aconsejar, para preservar sus almas y sus cuerpos; nunca para hostigar, ni para anular ninguna libertad personal. Que el mensaje del Evangelio hace al hombre libre, en primer lugar, de la atadura de lujuria, de la codicia, de la ira, de la pereza, de la envidia y de la soberbia. Que el hombre que así se siente libre, será capaz de pensar en los demás y de ponerse a su servicio.
Acompañar a Benedicto XVI con nuestras oraciones durante su visita a Turquía tiene así pues el atractivo de sentir, como Pablo de Tarso y los primeros cristianos, la urgencia de dar a conocer a los turcos, el mensaje del evangelio.
El sobrino de Atilano Nicolás
