El español de los americanos

Este curso escolar, además, nos ha traído un puñado de alumnos procedentes de la inmigración. En la televisión siempre salen imágenes de emigrantes procedentes de África pero los inmigrantes que nos llegan a la escuela son, en su mayoría de América. Son niños hispanohablantes: mexicanos, peruanos, colombianos, ecuatorianos, nicaragüenses, bolivianos, cubanos y algún que otro brasileño.
La madre de Lucía Gómez Velasco, una niña mexicana de 13 años, estuvo hablando con Doña Carmeli, la Directora:
_ “Buenos días, señora. Pues disculpe que me presente así no más, pero me da mucha alegría saludar a la directora del centro donde dejo a mi chiquita…”
La madre de Lucía hablaba con ese acento parsimonioso, de ritmos que acunan sibilantes eses y ces y zetas –todas “s” para ellos-. Y explicó que el Distrito Federal, la capital de México, ya alcanza los 22 millones de habitantes y que es una ciudad en la que se hace imposible respirar por el calor y la humedad, sobre todo en los veranos tropicales. Muchos mexicanos emigran, como tantos otros americanos nativos. Emigran principalmente a EEUU, por la proximidad geográfica. Los mexicanos ponen sus ojos constantemente en su vecino rico del norte y sus pensamientos y sus pies les conducen, ineludiblemente, al otro lado del Río Grande. Los hispanoamericanos, los americanos de Centroamérica y de Sudamérica están ocupando el norte poco a poco. Hoy día constituyen una parte muy importante del electorado en los EEUU y por eso el presidente actual y los políticos, en general, intentan demostrar que saben hablar español.
Brasil es el único país que habla portugués (en virtud del Tratado de Tordesillas , la España de los Reyes Católicos y Portugal se dividieron el Nuevo Mundo con la frontera en un paralelo y por lo tanto Brasil aprendió portugués).
Mientras la madre de Lucía hablaba, mis ojos se fijaron en la ficha de inscripción de la niña y en sus apellidos. Y no pude por menos que comentar que eran apellidos españoles. Una gran mayoría de mexicanos tienen apellidos españoles y muy probablemente alguna relación de parentesco, aunque sea muy lejana.
Cuando se marchó la madre de Lucía, me sorprendí preguntándome por qué existen tantos millones de nativos de América central y de América del sur y casi no existen en América del norte.
Pese a los muchos errores que los españoles hayan podido cometer en los tiempos de descubrimiento y conquista y posterior ocupación de aquellas tierras, los nativos han podido desarrollarse y multiplicarse. Con una lengua común, el español, han podido relacionarse y ayudarse. Se han hecho lo suficientemente grandes y fuertes como para hacerse entender en su propia lengua en el país más poderoso de la tierra.
Creo que los españoles sí han sabido entenderse con todas aquellas civilizaciones, salvando naturalmente la distancia histórica. Todos sabemos que la evolución del pensamiento es tan real como la evolución de la ciencia o de los medios de comunicación. Y los conceptos de la realidad también son diversos. Pero ahí están mis alumnos hispanoamericanos para demostrar que ha existido un respeto y una aceptación mutua.
Escarbando un poquito en los conceptos históricos del siglo XVI encontramos la palabra de un hombre, Fray Bartolomé de la Casas , quien defendió a los nativos en contra de egoísmos de los nobles que quería adueñarse de tierras y de hombres. Bartolomé de las Casas, defendió ante el Rey de España, que aquellos hombres eran hijos de Dios y podían recibir el Sacramento del Bautismo de la Iglesia Católica.
Hoy día, la recepción de este Sacramento de la Iglesia –que llena de gracia el alma de quien lo recibe- puede ser considerada como “no importante”, porque la vida de la fe y la religión aportan algo “intangible”. Porque la vida civil y sus derechos y la vida de fe son dos mundo que se han separado. Pero en el siglo XVI, el Imperio Español era la primera potencia en el mundo conocido. Felipe II, el heredero del imperio en el que nunca se ponía el sol, se consideraba así mismo como un defensor de la fe. Todos los españoles se afanaban por demostrar que eran cristianos viejos –que eran hijos y nietos de cristianos y que descendían de cristianos-. Ofrecer este sacramento a los indígenas de los territorios de América era ofrecer además del reconocimiento como seres humanos, el reconocimiento de la posibilidad de ser considerados hijos de la Iglesia Católica y hermanos en la misma fe. Y ese fue otro don que los nativos aceptaron y que han sabido conservar y cuya fe es una luz que se enciende en el cielo de esta Europa a la que llegan ahora, después de cinco siglos.
El sobrino de Atilano Nicolás

frid dijo
Si nos ponemos a pensar en la leyenda negra, en los ataques a las "cruzadas" como salvajismos nos encontramos que son bombas de humo de los que aniquilaron a los indios de América y de los que querrían aniquilar a los cristianos de Europa.
23 Septiembre 2006 | 07:06 PM