Esto le comentaba ayer Santiago, el profesor de inglés, a mi tío Atilano:

Cuando recibo la visita de los padres de mis alumnos de instituto acostumbro a recordarles, para que no se desanimen en este camino de exigencia que es la educación de su hijo -mi alumno o alumna-, que a un preadolescente hay que exigirle 100, sabiendo que él se planteará pelear por 50 y así tal vez, consigamos que rinda un 25 %.
Una curiosidad: la nota máxima en las universidades italianas es 30 y los alumnos que obtienen entre 25 y 30 son los mejores.
Ahora en serio: parece que hace demasiado que fuimos jóvenes. Especialmente la clase política y en concreto aquellos que se dedican a elaborar las leyes sobre reformas educativas, todos ellos se han olvidado de lo que fueron y de cómo pensaban cuando eran jóvenes. Parece que a algunos políticos les molesta que se hable en las leyes de exigencias morales. Les parece que las exigencias morales son palabras muy fuertes. No quieren que a los preadolescentes y a los adolescentes se les ponga el nivel alto y se les exija “lo mejor” (exigir lo mejor, el 100). Han bajado el listón hasta el 50, de entrada (lo legal). Lo moral no cuenta.
Y se cree que los jóvenes, los preadolescentes y adolescentes van a ser buenecicos y se chupan el dedo.
Una anécdota que me ocurrió en clase de inglés en el nivel de 1º de ESO hace ya 8 años. No tiene desperdicio:
Practicaba la estructura -en inglés- ¿qué hiciste ayer por la tarde? Mis alumnos me iban respondiendo. Todo bien hasta que llegué a Óliver, casi tan alto como yo y con más kilos, en la última fila. –“Yo ayer estuve robando en un Continente -ya no existe esta firma comercial-.”
Evidentemente se acabó la clase de inglés. Disertación sobre lo que se debe y no se debe y lo que se puede y no se puede hacer. Intervienen todos. Todos dan su opinión. La conclusión de la mayoría: -“Se puede robar siempre que no te pillen los policías.”

-“Chicos listos. Creo que estarán entre el 25 y el 30 ¿o no?- Fue tu respuesta, querido tío.

El sobrino de Atilano Nicolás