Luciano y Mari Mar se han casado
El padre da la novia tiró la casa por la ventana: música en la calle y cohetes…
Tienes razón, querido tío, cuando dices que era demasiado el ruido de las bombas y los cohetes. No dejaban oír lo que decía el cura, Don Honorino. Las palabras que les dirigió a los jóvenes contrayentes fueron encantadoras en su simplicidad. Comenzó por darles la enhorabuena por ser así de valientes y acercarse a la Iglesia Católica para pedir este sacramento, como premisa de su nueva vida de casados.
Parece simple retórica pero tiene mucha miga. A ver qué pareja de hoy día tiene el valor de decirse “Te quiero hasta que la muerte me separe de ti” delante de una comunidad que asiente a la afirmación “Y lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”.
Me decía Mari Mar que se sentía muy feliz porque Luciano le había entregado su corazón delante de todo el pueblo. Y Luciano, que no es tonto y sabe lo que se lleva, me confiaba que esperaba amarla siempre con las ganas con las que hoy lo hacía.
Tú diste en el clavo con tu comentario: “solo cargado de esperanza se puede uno casar por la Iglesia”. Porque se trata de eso de vivir de esperanza. De esperar y confiar que la persona a quien entregas tu vida, quiera siempre permanecer a tu lado, como tú esperas y deseas hacer. Porque esperas que tu vida y la suya discurran parejas en el tiempo y que la muerte se mantenga alejada. Porque esperas que la salud te acompañe y que puedas tener hijos.
Un hijo es la materialización de toda esa esperanza. Hay una canción italiana en la que los enamorados se dicen “vamos a plantar raíces en el tiempo futuro”. Eso es un hijo: una esperanza loca de futuro.
Así que aunque los cohetes interrumpieron mi atención y la de todos durante la ceremonia, pues amenazaban con entrar por las ventanas y reventar el templo de la alegría, creo que sí. Que está muy bien que todos los pueblos de la comarca se enteren de que hoy, Luciano y Mari Mar se han casado.
El sobrino de Atilano Nicolás
