Querida Clara:
Antes de que hables con ese joven, que es el padre del hijo que llevas en tu vientre, quisiera contarte algo que jamás he contado a nadie. No lo he contado nunca porque no es algo que me honre precisamente. Pero como tú eres mi nieta y creo que te puede ser útil ver que yo también he cometido errores -y aún hoy los cometo, a pesar de mi edad-, quiero compartirlo contigo.
Esto ocurrió hace muchos años, cuando estaba embarazada de tu tío Pedro.
Hacía apenas dos años que nos habíamos casado y era mi segundo embarazo. Me sentía fatigada por tener que atender a tu tía Virginia que era un bebé de medio año. Además tenía que sacar adelante el trabajo fuera de casa y el trabajo propio del hogar. Todo ello lo intentaba hacer con alegría, pensando en que tu abuelo y yo estábamos construyendo un hogar “ideal”. Pero un día, tu abuelo hizo algo que me causó mucho daño. Me sentí herida en mi orgullo, postergada. No tiene ninguna importancia aquello que hizo tu abuelo, hoy día: ni siquiera lo recuerdo. Pero entonces me dolió muchísimo. Tanto que reaccioné con un pensamiento, con un deseo inadecuado: desee que la criatura que llevaba en mi vientre fuese egoísta. Que no fuese generosa como yo intentaba ser, porque a mi generosidad tu abuelo había correspondido con egoísmo y me había herido profundamente.
Desee que mi hijo o hija fuese muy egoísta para que fuese “quien hiere y no quien sufre”.
Luego la vida me ha enseñado que no es la mejor forma de reaccionar. Que las personas egoístas, normalmente, dan con personas egoístas y terminan sufriendo mucho más que hacen sufrir. Las personas generosas, que perdonan y además olvidan, suelen encontrar a otras personas generosas y terminan rodeándose de gente como ellas. En fin, me arrepiento de aquel deseo y espero que nunca se llegue a cumplir en uno de mis hijos o nietos.
Ahora tú vas a hablar con ese joven. Será una conversación muy difícil. Lo que quiero decirte, Clara querida, es que si él reaccionara eludiendo su responsabilidad como padre, tú no debes dejarte llevar, como yo lo hice, por el dolor egoísta. Tienes que perdonarle y olvidar ese zarpazo. Quizás no esté preparado para esta responsabilidad. Quizás no quiera ayudarte. Será muy doloroso para ti, pero tú y tu hijo saldréis adelante y él habrá perdido la oportunidad de madurar por amor a ti y al hijo de los dos.
Mucho ánimo, querida.
El sobrino de Atilano Nicolás
« Celia, la novia de Nicolasín, ha leído a Baroja... | Inicio | Aquilino, el alguacil, descubre Internet »

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados