Me escribe mi tío Atilano y me cuenta que Nicolasín ya vino de EEUU y que como lee la prensa en inglés acaba de escribir un artículo para el periódico de la ciudad. Dice así: En la edición de hoy en The New York Times , se puede leer un artículo firmado por Anemona Hartocollis que informa del rechazo por parte de la Corte de New York al reconocimiento de matrimonio legal a las parejas homosexuales. En el amplio artículo se ofrece un repaso a los argumentos que apoyaban el intento y que todos los españoles tenemos in mente.
Lo que me sugiere esta lucha, en el llamado “primer mundo” de los países ricos, que es dónde se desenvuelve todo este circo, es la desgraciadamente famosa escena de los miserables del París, durantes los momentos previos a la revolución de 1789, cuando los desfavorecidos económicamente acudían a Versalles y se apostaban ante aquellas suntuosas verjas pidiendo un poco de pan que llevarse a la boca. Mientras, los ricos (gordos y aquejados de la gota por la ingesta excesiva de carnes y pescados) disfrutaban del frescor de los jardines, del teatro y la ópera, por no nombrar los otros placeres de la vida que a cualquiera se nos alcanza.
Los pobres gritaron tanto y tan fuerte que al final Maria Antonieta dijo aquello de “Si no tienen pan, que coman brioche.”
Y esta escena me viene a la cabeza ante esta noticia porque no puedo por menos que pensar en todas esas madres del tercer mundo que luchan por acercar un poco de alimento a la boca de sus hijos y muchas veces tienen que verlos morir en sus brazos. O cuando pienso en tantos niños que trabajan en circunstancias anodinas… Mientras tanto, nosotros nos entretenemos en celebrar juicios para determinar si los placeres de la vida entran o no en la legalidad de un concepto tan fundamental como es “matrimonio”. ¿No será este despilfarro en juicios, dimes y diretes, la respuesta cruel de nuestra parte al tercer mundo? ¿No estaremos perdiendo el sentido de la realidad?
Yo me siento muy orgulloso de mi primo Nicolasín.
El sobrino de Atilano Nicolás

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